El pasado 2 de abril se realizó en la Embajada Argentina en Quito un acto conmemorativo por el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, fecha instituida por Ley del Honorable Congreso de la Nación; participaron todos los integrantes de la embajada, así como de la Agregaduría de Defensa, encabezada por el Señor Embajador Alberto Álvarez Tufillo.
Este sentido homenaje se unió espiritualmente con los realizados en todo el territorio argentino, materializando el profundo reconocimiento que el pueblo y gobierno, sin distinciones de ningún tipo, rinde a quienes lucharon en marcada desigualdad contra las tropas del Reino Unido de Gran Bretaña, quienes fueron apoyados por sus socios de la OTAN con medios tecnológicos, logística e inteligencia para llevar a cabo esta nueva invasión que movilizó la mayor flota desde la II Guerra Mundial.
La desigualdad material no hizo más que mostrar al mundo el valor del ciudadano argentino puesto de manifiesto cada vez que la Patria se lo requirió, tal como ya ocurriera contra el mismo invasor en 1806 y 1807 en Buenos Aires, o en 1845 en el combate de la Vuelta de Obligado contra la flota anglo-francesa.
Para referirse al hecho fue invitado a hacer uso de la palabra el Veterano de la Guerra de Malvinas Héctor Rodolfo Flores, residente en Ecuador, quien resaltó la trascendencia que tiene en la memoria colectiva recordar tanto a los muertos, quienes han sido declarados “Héroes Nacionales” (Ley 24.950 - 3 de abril de 1998), como a aquellos que Dios quiso que regresaran para ser testigos permanentes de lo actuado. Posteriormente el Agregado de Defensa, Coronel Fernando Gularte, dio lectura al mensaje enviado por el Sr Ministro de Defensa para la ocasión.
Desde 1833 persiste la ocupación ilegítima de las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes, el que trajo aparejado el desplazamiento forzoso del gobierno y de todos nuestros conciudadanos, pese al permanente reclamo para hacer valer nuestros imprescriptibles derechos de soberanía. Su incorporación en la Constitución Nacional como un “objetivo permanente e irrenunciable”, “conforme a los principios del derecho internacional”, fortalece la decisión de no convalidar esta situación.